lunes, 29 de septiembre de 2008

Una crueldad inútil.

Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una aneja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz.
La flor piensa: "Es como una flor".



Y tenía razón, era como una flor.


Gracias Julio C.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Memes o memés, como sea.

Recibí un meme o memé, no tengo la menor idea de cómo se escribe ni pronuncia... pero lo recibí de Kaz (que suele tener buenas ideas, pero parece que ésta es la excepción), y me corresponde nombrar las 14 cosas que me hacen feliz.

1.
El olor a pasto mojado (u 'olor a lluvia', como el lector prefiera);

2. Comer helado de dulce de leche granizado, independientemente del clima;

3.
Los perros (sobre todo los míos);

4.
Los amigos (sobre todo los míos);

5. La gente que quiero;

6. La lluvia;

7. El invierno y todo lo que él trae (como las bufandas o la nieve);

8. El Sur, donde pienso ir a vivir en un tiempo;

9. El arroz (sobre todo si es con calamares);

10. Leer un buen libro;

11. Una buena película;

12. Un buen consejo o charla;

13. Los días de verano en que no hay clases y está esa sensación de libertad;

14. Practicar TKD y nadar.

Ahora le dejo el meme a las jovencitas que participan de Así está la cosa, a Flopi, María y Connie.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Los cuadernos.

Cuando era chica, amaba terminar cuadernos. Armaba mil tácticas para que las últimas dos páginas –siempre interminables- duraran lo menos posible: agrandar la letra, dejar más renglones, y ni hablar de la gran trampa de ‘comerse’ una hoja.

Empezar un nuevo cuaderno era como ver salir el sol después de un mes de lluvia. Era avanzar hacia algo que no estabas realmente seguro de qué era, pero avanzabas al fin. Era ir a la librería y elegir un color nuevo, un rayado nuevo, poner tu nombre, hacer la carátula, caratular el año que pasaba y que veías crecer, era la ansiedad de seguir y dejar todo atrás sin olvidarte de nada.

Ahora los cuadernos van siendo el único objeto obsoleto del lugar. No vayas a creer que es porque no les encuentro utilidad; un cuaderno siempre es útil. Pero no se trata de eso, es algo mucho más oscuro. Es esa sensación de final, de que esas dos páginas no se llenen y de poder estirar todo el mayor tiempo posible. De patear la pelota pero no escuchar el silbato que te dice que se terminó y perdiste –aunque estuvieras seguro de que ibas a ganar, era imposible perder, pero perdiste- y te tenés que ir resignado a que la historia se repita una y otra vez.

O será que no tengo el coraje de poner un punto final, vaya a saber uno.