sábado, 19 de febrero de 2011

Lo que tenga que ser, que sea...

Uno se vive preguntando por el futuro, por lo que vendrá.
Uno vive pensando 'qué pasaría si...' pero nunca da el zarpazo final, ese movimiento olímpico que defina aquella situación que tan mal nos tiene.

Uno no se inmuta por miedo. Miedo a la muerte, miedo al 'qué dirán', miedo a que las cosas nunca vuelvan a ser como antes. De lo que jamás nos llegamos a dar cuenta es de ese sutil quiebre. Esa pequeña ruptura donde se empieza a filtrar la idea de un mejor porvenir. La idea de que si las cosas cambian, uno no estaría tan mal, que al principio podría ser traumático pero todo pasa...

En ese instante, en el que vale la pena preguntarse '¿esto quiero para mi vida?', volví a pararme, luego de tanto tiempo.
Comprendí que la impotencia y el llanto son pasajeros. Que lo que no depende de uno, simplemente se ve con el tiempo y, lo más importante, que el valiente no es aquel que no tiene miedo, sino el que se atreve a enfrentarlo. Y así, aunque duela, decidí seguir.

Cuando pasen recibo mis primaveras,
y la suerte esté echada a descansar,
yo miraré tu foto en mi billetera,
y que sea lo que sea.